PROYECTO LIBRO ARTE. Aportes de Adriana Miranda
Retomo este
espacio, veo lo que comparten las compañeras, escribo algunas reflexiones y
dejo fotos de las obras que estoy haciendo para dar continuidad al proceso
comenzado en el 2019 cuando hicimos “El bosque nativo. Aquello que me habita y “Paisajes
y sentidos”.
No dejo de
preguntarme porque tanta tengo tanta fascinación por los nidos. Esta incesante necesidad,
casi obsesiva y empecinada de hacer nidos se unió a la inmanejable costumbre de
darle vida a eso que está destinado a ir a la basura.
Nidos de fibra de
sterlitzia procesada durante las reuniones con Alejandra y Elbita en que
hacíamos papel artesanal, también con fibras de paja brava heredada de Héctor Rodríguez
el papelero de Río Ceballos, papeles en desuso abandonado por les estudiantes
en las aulas de la facultad, celulosa que
Jorge comprara para mí, al maestro papelero Alejandro Geiler de la Papelera Palermo
en Bueno Aires, estopa de viejos almohadones de la casa de Nora y las ramas de
mi leucophyllium muerto para la tristeza infinita de mi patio esta temporada, y los nylon que en una suerte Quijote intento que sean arte para evitar que terminen en nuestras aguas y en nuestra tierra.
Sigo centrada en
mi obra, mis obsesiones como hilos sueltos que seguramente se unirá a otres. Iré viendo que me dice la
fenomenología de Gastón Bachelard... en principio que los nidos son objetos
inertes (no tienen vida) ¿pero porqué esta fascinación por los nidos?
El nido nos produce asombro y nos maravilla por todo lo de instinto que posee. Tiene de albañiles, carpinteros y constructores con una perfección que puede superar al ser humano y veamos porque. Aún apenas esbozado y sin terminar cumple su función. Estas valoraciones son humanas, porque para los pájaros es un lugar suave y caliente que le permite cobijo para cubrir los huevos hasta tener sus propias plumas.
"La fenomenología filosófica del nido empezaría si pudiéramos dilucidar el interés que nos capta al hojear un álbum de nidos, o más radicalmente todavía, si pudiéramos encontrar de nuevo nuestro deslumbramiento candoroso cuando antaño descubríamos un nido. Este deslumbramiento no se desgasta, el descubrimiento del nido nos lleva otra vez a nuestra infancia, a una infancia. A las infancias que deberíamos haber tenido. Son raros aquellos de nosotros a quienes la vida ha dado la plena medida de su comicidad". Gastón Bachelard 1965. Fondo de Cultura Económica. Francia.
El nido y su construcción, trabajo obrero, como vestido hecho a medida y como mímesis basado en el origen de la confianza, escondido en medio de la naturaleza, de árboles, bosques, tierra, partícipe de la paz vegetal.
El nido como sueño -sin la hostilidad del mundo-.
El nido como morada y centro del mundo -aquello que nos contiene-.
Hablando de hilos sueltos tomo la idea de trama y telas de algunas compañeras

CORDOBA ARDE
Como dice el filósofo, epistemólogo, poeta... "Son raros aquellos de nosotros a quienes la vida ha dado la plena medida de su cosmicidad"
Arde Córdoba y falta agua. El nido se suspende sobre el agua mientras el fuego acecha. https://www.youtube.com/watch?v=smFZp7qbkqc
19 de octubre 2020
Veo un nexo entre la propuesta de Marta y de Mariana en la búsqueda e importancia de las semillas. Subo esta foto sacada de unos frutos ¿palo borracho?
encontradas en una vereda de mi barrio. Dentro tiene el algodón y seguramente las semillas.
La forma que fue adoptando remite a una sonrisa fosilizada. Se las dejo.
24/10/2020
Comparto fotos de un proceso inspirado en las primeras fotos de semillas de pino de Marta.
13/3/21 - 20 hs.
La propuesta de compartir con lxs compañerxs de investigación esta experiencia de diálogo sobre la relación que tenemos con la naturaleza me interesa particularmente y deseo dejar algunas reflexiones teóricas sobre "lo autobiográfico" (Miranda: 2018). La metodología biográfica narrativa es reconocida por disciplinas como la psicología, sociología, antropología y la etnografía, en tanto incluye el texto narrado como un hecho cultural y como un fenómeno social educativo (Greertz, 1994). Así, se valora la autointerpretación de los sujetos, las experiencias de vida que los integrantes de este grupo tienen respecto a la naturaleza. Las autobiografías nos permiten construir conocimientos y realidades y comprender los hechos tal como se cuentan (Bruner, 1988) No se trata de trabajar con las autobiografía narrativas para encontrar explicaciones objetivas en los hechos narrados (Kornblit, 2004) sino que "explicamos por procesos puramente intelectuales, pero comprendemos por la cooperación de todos los poderes de la mente activada por la aprehensión" (Dilthey, 1978;172). Un investigador debe tener en cuenta que quien narra siempre muestra algo que desea y algo que oculta. Quizás sea útil tener en cuenta "los episodios que operan como links en la vida de las personas" (Meccia, 2018)
Bibliografía:
Bruner, J. (1988). Realidad Mental y Mundos Posibles. Barcelona: Gedisa Editorial.
Dilthey, W. (1978). Introducción a las ciencias del espíritu. México: Ed. FCE.
Geertz, C. (1994). Conocimiento Local. Ensayos sobre la interpretación de las culturas. Buenos Aires: Paidós.
Kornblit, A. (2004). Metodologías cualitativas en ciencias sociales. Modelos y procedimientos de análisis. Buenos Aires: Biblos
Meccia, E. (2018). Información y vínculo. La entrevista biográfica en ciencias sociales. Facultad de Ciencias Sociales. Centro de Estudios Avanzados (CEA). Facultad de Ciencias Sociales. Maestría en Investigación Educativa con orientación Socio- Antropológica. Programa de Posgrado ADIUC. Córdoba.
Miranda, A (2018). Creencias sobre el arte en aspirantes a la carrera de Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Córdoba. Maestría en Docencia Universitaria. Universidad Tecnológica Nacional, Regional Córdoba. Publicado en https://rdu.unc.edu.ar/handle/11086/5642 (consultado 13/3/2021)
13 de marzo. 22 hs.
Uso la cronología
para ordenarme y rememorar sobre mi contacto con la naturaleza. Disponerme a
recordar implica accionar memoria y corazón. No estoy segura de cuan fiel seré,
porque como dice el poeta “los recuerdos suelen contarte mentiras, se amoldan
al viento, amañan la historia, por aquí se encojen, por allá se estiran, se
tiñen de gloria, se bañan en lodo, se endulzan, se amargan, a nuestro acomodo
según nos convenga, porque antes que nada y a pesar de todo hay que sobrevivir”
(Serrat, Los recuerdos)
La vida en un
pueblo del interior de Córdoba llamado Marull fue una de las experiencias más
contenedoras que recuerde, claro, también fue la niñez, la edad que solemos añorar
con nostalgia.
La naturaleza tuvo el peso de un juego de niña. La naturaleza con su poder me acompañó en ese pueblo pequeño rodeado de campos, en una casa con un extenso patio en el cual un alambrado separaba las plantas de los animales. Introduciéndome en el arte culinario juntaba tierra, la mezclaba con agua y la moldeaba en una lata, con un palito dibujaba ese barro para que quedara grabado y luego de secarlo al sol seguía la etapa en que debía desmoldarlo decorándolo con las flores de la banderita española; asì la torta estaba lista para la merienda, este apetitoso manjar era disfrutado junto a mi vecina Elsa y nuestras invitadas imaginarias. En medio del juego el patio era fuente de nutrición; desenterrar zanahorias o frutos a elección según el antojo, lavarlos en la canilla del patio y comerlos cuando el hambre acechaba. Entonces, en mi primera infancia, la naturaleza alimentó mi panza y mis juegos, cuestión de supervivencia, relación funcional y de observación directa de la transformación de la tierra. Me producía mucho placer ver las manos de mi padre en contacto con la tierra, carpir, desarmar los terrones, amasarla, nutrirla y moldearla para la siembra acomodando las semillas junto al canal de riego para dirigir el curso del agua durante los atardeceres y así mantener la humedad durante la noche esperando la luz del día para que los brotes fueran posibles.
Y luego la
cosecha a medida de las necesidades diarias. Una gran parte crecía para el
consumo familiar y el excedente era elaborado en conservas por mamá quien hacía
magia para disimular los escasos recursos económicos. Ahora advierto mi
inclinación por aprovechar todos los recursos, aún los destinados a la basura,
para hacer arte.
Trepar árboles,
dar de comer a las gallinas, mi hermano menor tomando leche en mamadera y
compartiéndola con la cabrita, la pajarera de papá albergaba canarios que iban
de tonos blancos al naranja y tantos recuerdos conectados a la naturaleza. Fue en esa
época que descubrí los nidos, los naturales y los fabricados. ¿Será por eso que
hago nidos con materiales de desecho? Mientras escribo esto leo el comentario
que Marta dejó en el blog sobre la latencia de las semillas y allí dice que el suelo es el nido protector... adhiero y conecto con ello.
Pasada esa época,
la vida urbana y el contacto con la naturaleza se circunscribió a las macetas del
pequeño patio y mis paseos por las sierras de Córdoba. Aún así mi sensibilidad
por las plantas fue mayor que por otros componentes de la naturaleza, entiendo
que fue viendo el amor y el cuidado que mis mayores ponían en las plantas. Eso se transformaba en un ritual compartido por gajos o semillas con tías y
vecinas transformando las casas en un vergel que se mostraba con orgullo y se
disfrutaba; seguramente se originaba en la enorme energía puesta en esa tarea y la
congratulación de los resultados. No alcanzaba a comprender que ese ritual era
dar vida.
Las ideas funcionalistas e inocentes han cambiado en los últimos años. La naturaleza no está allí para abastecerme indiscriminadamente y sin límites… la naturaleza también soy yo y lo que me rodea. El extractivismo, el avance de la urbanización que minimiza los bosques nativos, la falta de agua, el calentamiento global, los incendios forestales, la generación de residuos contaminantes me pone en alerta. Comprender que soy una parte constitutiva de la naturaleza me conmueve, pero también me compromete. La naturaleza es algo maravilloso y es personal pero sobre todo es político.
15 de marzo de 2021
Podía llamarle "vicios de la profesión" a esto de estar atenta a las formas, e intentar preservarlas, recrearlas. Traje una semilla de Guatemala, perdí su nombre científico. No fue con la intención de reproducirla sino un punto de partida para crear otra cosa o quizás de anidar tesoros.





Resultan unas imágenes muy sugerentes.
ResponderEliminarEn la entrada [index seminum] adjunto algunos nidos rescatados.